EDUCADOR SOCIAL, NUEVAS GENERACIONES

El educador social reflejado en la ficción televisiva

Aprovecho la serie Star Trek y el puntito friki del que presumo para poner título a este artículo. Si uno ha visto la saga, sabe que llega un momento en que los protagonistas son tan mayores y llevan tantos capítulos a sus espaldas que, involuntariamente, dan paso a las nuevas generaciones. Es esta transición, o acabar con todas las existencias de maquillaje para tapar las arrugas que la vida y las experiencias les han provocado. Para el educador social viene a ser algo parecido.

En mi caso, permitidme que compare mi querida serie con mi amada profesión. Sí, soy redundante, pero las dos cosas forman parte importante de mi vida.

Hace 21 años que soy Educadora Social. A estas alturas soy incapaz de dar una definición exacta de qué es la Educación Social. Pienso que es imposible definir una profesión vocacional que tiene mucho (¿todo?) que ver con la intención de mejorar la vida de las personas, sus proyectos, salud… perspectivas de cualquier tipo con el fin último de aportarles todo lo necesario a fin de que sean felices o más felices. Sí que tengo que decir que a pesar de mi incapacidad de concretar, soy capaz de transmitir qué hago, qué siento y cómo me siento con mi trabajo. Los amigos, la familia saben que vivo mi profesión con ganas, con pasión. Saben dónde trabajo, el tipo de centro que es y, más o menos, mis funciones pero nunca han entendido que es la carrera, ahora ya grado, de Educación Social. No lo necesitan, me ven feliz.

La visibilización del educador social

Cuando algún desconocido me pregunta por mi profesión, tengo que reconocer que no pierdo el tiempo en dar una definición más o menos satisfactoria. Con los años he aprendido y mejorado un discurso que consiste en concretar donde trabajo, el colectivo con el que comparto una parte de mi vida y algunas de las cosas que hago con ellos. Seguramente es como tirar piedras contra nuestro propio tejado ya que de lo que yo estoy transmitiendo a lo que la gente entiende hay un abismo marcado, por mi parte, por el orgullo de no querer perder tiempo explicando en que consiste mi “super profesión” o de pensar cómo transmitir mejor mi pasión, y por la otra parte, de desconocimiento y de inflexibilidad al pensar o confundir educación con represión. Qué le voy a hacer, sé que es una tarea pendiente. Quizás, tener la capacidad de transmitir a la comunidad a lo que me dedico, facilitaría las cosas a la hora de juzgar o prejuzgar alegremente.

Como he dicho en algún momento, ser Educadora Social ha sido una cuestión vocacional. Quizás por mi forma de ser, por estar convencida de que un mundo más justo y mejor es posible para todos, es que acabé eligiendo unos estudios que creía adecuados con lo que deseaba que fuera mi profesión. Y aquí no quisiera parecer utópica, aunque el punto de soñadora lo tengo, sé que puedo aportar mi granito de arena para que alguien tenga una vida y perspectivas mejores. Si esto ocurre, aunque sea uno de mil, es como cobrar una paga extra que si bien no te permite comprar nada tangible, sí le hace a una sentirse muy bien.

El camino recorrido en estos 21 años no ha sido fácil ni lo está siendo. Aunque los años han ayudado a vivir los problemas con una paciencia, tolerancia y perspectiva más amplia, a veces el orden establecido, las políticas sociales, la normativa de donde trabajas, la diferencia entre los EDUCADORES SOCIALES (no lo he dicho antes pero por favor contemplad el término femenino y masculino a la vez) con vocación y los diplomados o graduados en Educación Social o carreras afines, que más que vocación entiendo que vienen a pasar un rato y que sólo se mueven a fin de mes para cobrar o hacer ver que trabajan cuando se presenta un superior en el trabajo, o incluso la vida propia, los problemas personales … todo influye y mucho a la hora de hacer un buen trabajo o, cuando menos, a sentirse uno bien realizándolo. No digo hacerlo de la mejor manera posible porque sé que aunque estemos hechos una chapuza nos dejaremos los cuernos, el alma… todo para hacer las cosas todo lo bien que se puedan hacer.

Del colectivo con el que trabajo y seguramente cualquier otro colectivo, tengo que decir que entre otros, tienen una virtud que me encanta. Sí, sí, ¡tienen virtudes! De todo lo mencionado en el párrafo anterior, ellos tienen la capacidad de analizarnos (quería poner “clicharnos” pero no lo coge el diccionario) en un nanosegundo. Saben de dónde vamos cojos, si tenemos buen o mal día, si tenemos buena relación con el resto de profesionales, si el equipo educativo es una piña o no, si haremos la vista gorda o iremos “a muerte” con ellos, las ganas de trabajar de algunos compañeros… de todo esto, de lo que ven, de lo que veo, sale mi fuerza como profesional y también como persona (a esto lo llamo efecto secundario de trabajar con gente de un “percal” interesante, ya sabemos menos la hermosura, todo se pega). De mi implicación, vocación, llámalo como quieras, he aprendido el verdadero significado de las palabras respeto y confianza, entre otros conceptos que considero sagrados y no me estoy refiriendo únicamente a la relación que pueda tener con los jóvenes con los que trabajo, pongo al equipo profesional en el mismo saco.

Todas estas líneas para decir que nuestra profesión no es fácil, que aparte de la formación universitaria y también de la experiencia que te da la vida y el tiempo, es necesario algo más que no sabría concretar muy bien qué es aunque por aquí lo llamo vocación. Lo que sea, y seguro que existe el vocablo, engloba las ganas, la ilusión, el interés, el hecho de reconocer y aceptar límites y capacidades…

Si os estáis preguntando que tiene que ver el título de este artículo con el contenido, es tan sencillo como que hoy mi sobrina ha venido a decirme que se ha matriculado en el grado de Educación Social. Estoy segura de que no sabe qué es ni dónde se ha metido. Lo primero que me ha venido a la cabeza es que lo pasará mal que, independientemente del ámbito donde termine trabajando, es duro y muchas veces mal pagado… no me he visto capaz de decirle nada. Durante un buen rato solo me salía la parte negativa de esta profesión  y me niego a ver las cosas tan oscuras… y mira por donde que ha llegado un correo del colegio invitando a escribir sobre nuestras experiencias. He pensado que puede ser una forma bonita de darle la bienvenida a nuestro mundo (hay quien dice que somos una raza aparte). Y sí, Laia, este es el nombre de mi sobrina, aun con miedos y dudas, tuyos y míos, sobre esta profesión, que sepas que deseo que te sientas feliz y realizada aportando tu granito de arena allí donde vayas a parar. Tanto o más feliz y realizada como me siento yo. Disfruta todo lo que puedas. Simbólicamente con esta bienvenida un tanto particular, doy paso a la nueva generación.

Hortènsia Badia

 

3 comentarios sobre “EDUCADOR SOCIAL, NUEVAS GENERACIONES

  • el enero 28, 2019 a las 2:33 pm
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    Que bonito artículo,y cuanta verdad y pasión transmite.Es hermoso saber que en este mundo en ocasiones,hostil,existen personas como tú.

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  • el diciembre 6, 2019 a las 8:28 pm
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    Hola me llamo Jose y fui educador en un centro de menores llamado la casa del Niño en Las Palmas de gc y me gusta este articulo y aporto lo siguiente creo que te tiene que gustar yo no compartia la orientacion de mis compañeros ahora jubulado yo los puedo nombrar Alfredo hernandez,Olga, Concepcion Rodriguez, Jose Domingo monty para Los amigos , Rafael Perez Jose Ramon armengol y muchos mas que aveces uno los puede echar de menos pero creo y sin criticar a nadie no estuvieron a la altura de las circustancias o exigencias educativas ,esa es mi opinion. Este colegio despues se llamo Las dunas y se cerro por diversos motivos . Lo cierto es que yo Sigo volviendo atras y reflexiono y bueno nunca viene mal ayudar a Los demas . creo que hay que apostar por nuevas tenicas educativas y condimentarlas con las actuales bueno gracias y adios.

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